
En los últimos años, el arte latinoamericano ha ganado mayor presencia en el escenario internacional. Artistas que alcanzan nuevos récords en subastas, museos que incorporan obras a sus colecciones permanentes e instituciones que impulsan la investigación sobre la región reflejan un interés creciente por su producción artística. ¿Cómo ha logrado América Latina abrirse paso en uno de los mercados más competitivos del mundo? En este número exploramos algunos de los factores que explican su creciente proyección internacional.
Gisela Madrigal
Las subastas reflejan una demanda creciente

La presencia internacional del arte latinoamericano puede observarse desde distintos espacios. Las subastas muestran el interés de los coleccionistas, los museos fortalecen el reconocimiento institucional de los artistas y las colecciones permanentes permiten que sus obras formen parte de investigaciones, publicaciones y exposiciones internacionales. Estos elementos ayudan a comprender cómo la región ha ampliado su presencia dentro del ecosistema global del arte.
Uno de los indicadores más claros proviene del mercado de subastas. ArtTactic, firma británica especializada en investigación y análisis del mercado del arte, publicó que en 2025 las ventas de arte moderno y contemporáneo latinoamericano alcanzaron su nivel más alto registrado. Este crecimiento estuvo impulsado por una mayor demanda de artistas consolidados y por nuevos récords de venta en las principales casas de subastas internacionales.
Sotheby’s, fundada en 1744 y considerada una de las casas de subastas de arte más importantes del mundo, fue la primera en integrar el arte latinoamericano dentro de sus principales subastas internacionales de Fine Art, una decisión que amplió la visibilidad de estos artistas frente a un público global. Desde principios de 2024, la firma ha registrado ventas por USD 129 millones en obras de artistas latinoamericanos. Esto refleja el crecimiento y la consolidación del arte latinoamericano dentro de los principales circuitos internacionales.
Por su parte, Christie’s, fundada en Londres en 1766, reportó que su subasta de Arte Latinoamericano de 2025 alcanzó una tasa de venta del 81%. Esto indica el porcentaje de obras ofrecidas que encontró comprador durante la subasta. En el mercado del arte, un resultado superior al 80% suele interpretarse como una señal de una demanda sólida y de una selección de obras con buena aceptación entre los coleccionistas.
Detrás de estas cifras aparecen nombres que han marcado la historia del arte latinoamericano. Frida Kahlo, Carlos Cruz-Diez, Gego y Wifredo Lam figuran entre los artistas que han alcanzado récords de venta en los últimos años. Más allá de los resultados individuales, estas trayectorias muestran la diversidad del arte latinoamericano, representado por distintas generaciones, países y lenguajes artísticos que hoy despiertan un interés creciente entre coleccionistas de todo el mundo.
Los museos construyen reconocimiento internacional

Además de las subastas, otra pieza fundamental son los museos. Cuando una obra ingresa a la colección permanente de una institución, pasa a formar parte de un acervo que puede ser investigado, exhibido, prestado a otros museos y publicado en catálogos especializados. Estos procesos fortalecen la trayectoria de los artistas y contribuyen a ampliar su reconocimiento dentro de la historia del arte.
Uno de los casos más representativos es el del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, fundado en 1929. Su colaboración con la coleccionista y filántropa venezolana Patricia Phelps de Cisneros, quien durante más de cinco décadas ha impulsado la difusión del arte latinoamericano a través de una de las colecciones privadas más importantes de la región, permitió ampliar la presencia de artistas latinoamericanos dentro del museo.
Como parte de esta colaboración nació el Instituto de Investigación Patricia Phelps de Cisneros para el Estudio del Arte de América Latina, un instituto dedicado a promover el arte latinoamericano. Su creación representó un paso importante porque incorporó el estudio de la producción artística de la región a una de las instituciones con mayor influencia en el panorama internacional.
Un proceso similar ocurrió en Tate, la institución que reúne la red de museos nacionales de arte británico y moderno del Reino Unido (Tate Modern, Tate Britain, Tate Liverpool y Tate St. Ives). En 2002 creó el Latin American Acquisitions Committee, un comité integrado por coleccionistas y benefactores que financian la adquisición de obras para fortalecer de manera permanente la representación del arte latinoamericano dentro de la colección del museo.
Durante sus primeros veinte años, este comité contribuyó a incorporar 395 obras de 146 artistas latinoamericanos. Entre ellos se encuentran Gego, Hélio Oiticica, Lygia Clark, Mira Schendel, León Ferrari, Alfredo Jaar, Doris Salcedo, Gabriel Orozco y Damián Ortega. La diversidad de esta selección refleja cómo el arte latinoamericano ha sido incorporado desde distintas generaciones, países y propuestas estéticas.
Otro referente importante es el Museo de Bellas Artes de Houston, institución que alberga una de las colecciones de arte latinoamericano más importantes de Estados Unidos. Su acervo reúne obras de artistas de México, Centroamérica, Sudamérica y el Caribe, además de impulsar programas de investigación, publicaciones y exposiciones que han contribuido a fortalecer el conocimiento del arte de la región entre públicos internacionales.
En conjunto, estos espacios han contribuido a que el arte latinoamericano ocupe un lugar cada vez más relevante dentro del panorama internacional y continúe ampliando su alcance entre investigadores, instituciones, coleccionistas y nuevos públicos.
Destacado
Obra de arte
«Venado II»
Vladimir Zambrano

“Venado II” forma parte de la serie Yaquis del Poder, inspirada en los nahuales y la cosmovisión del pueblo yaqui de Sonora.
La obra retoma la figura del venado, protagonista de una de las ceremonias más emblemáticas de esta cultura.
A través de la referencia a la Danza del Venado, la pieza evoca a este ser sagrado como manifestación del mundo natural y símbolo de la profunda relación espiritual entre la comunidad yaqui y la naturaleza, recreando su vida, sus movimientos y la cacería ritual que culmina con su sacrificio.
En el siguiente video, el artista nos cuenta la historia de esta obra.


