
Cada obra que vemos en un museo recorrió un camino distinto antes de llegar a la colección. Algunas fueron elegidas por los propios artistas, otras requirieron años de negociación, algunas permanecieron en su país gracias a leyes de protección del patrimonio y otras llegaron mediante acuerdos de colaboración entre instituciones. En este número exploramos cuatro historias que muestran cómo se construyen las grandes colecciones de los museos.
Gisela Madrigal
1. Madame X: cuando el artista eligió el museo

Cuando John Singer Sargent presentó Madame X en el Salón de París de 1884, la reacción del público fue muy distinta a la que esperaba. El retrato de Virginie Amélie Avegno Gautreau fue considerado escandaloso debido a la pose de la modelo y al tirante caído de su vestido. Las críticas fueron tan severas que, tras la exposición, Sargent decidió repintar el tirante sobre el hombro, tal como se observa en la obra actualmente.
Con el paso del tiempo, la percepción de la obra cambió. Lo que había sido rechazado terminó por convertirse en una de las pinturas más reconocidas de Sargent. En enero de 1916, Sargent escribió a Edward «Ned» Robinson, director del Metropolitan Museum of Art (MET) y amigo suyo desde hacía más de dos décadas. En la carta le propuso que el museo adquiriera la pintura, convencido de que era su mejor trabajo y de que debía permanecer en una institución donde pudiera ser apreciada por el público.
El museo aceptó la propuesta y adquirió la pintura pocos días después. Desde entonces, Madame X forma parte de la colección permanente del Met y es considerada una de las piezas más emblemáticas del retrato estadounidense.
2. El MoMA consiguió una de las pinturas más importantes del siglo XX

Cuando Pablo Picasso terminó Les Demoiselles d’Avignon en 1907, muchos de sus colegas quedaron desconcertados. La composición rompía con las convenciones de la pintura occidental y marcaba el inicio de una nueva forma de entender la representación del espacio y la figura humana: el cubismo. Sin embargo, permaneció fuera del circuito museístico durante nueve años, hasta su primera exhibición pública en 1916.
A mediados de la década de 1930, Alfred H. Barr Jr., primer director del Museum of Modern Art (MoMA), visitó París y al ver la obra intentó incluirla en la exposición Cubism and Abstract Art de 1936. El propietario se negó a prestarla.
Un año después, la galería Jacques Seligmann de Nueva York puso la obra a la venta. Barr convenció al presidente y al patronato del MoMA de adquirirla para la colección del museo. Gracias al legado de la coleccionista Lillie P. Bliss, la compra se concretó en 1939.
3. El derecho de tanteo: cuando el Estado reemplaza al comprador

En diciembre de 2019, L’Élève intéressante, una pintura de Marguerite Gérard, fue adjudicada en una subasta celebrada en París. Sin embargo, la operación aún no había concluido. El Estado francés ejerció el derecho de tanteo, un mecanismo legal que le permite sustituir al comprador ganador y adquirir la obra al mismo precio.
Gracias a este procedimiento, la pintura pasó a formar parte de la colección del Museo del Louvre en lugar de ingresar a una colección privada. El objetivo del derecho de tanteo no es impedir la venta de una obra, sino garantizar que piezas de especial relevancia permanezcan accesibles al público y formen parte del patrimonio cultural del país.
4. National Gallery y Getty: una compra compartida

En 2023, Portrait of Omai, pintado por Sir Joshua Reynolds en 1776, volvió a captar la atención internacional cuando salió al mercado tras permanecer durante décadas en una colección privada. La importancia histórica del retrato despertó el interés de varias instituciones. Omai había sido uno de los primeros habitantes de la Polinesia en viajar a Europa y su retrato es considerado una de las obras maestras de Reynolds.
En lugar de competir por la adquisición, la National Gallery de Londres y el J. Paul Getty Museum de Los Ángeles alcanzaron un acuerdo para comprar conjuntamente la pintura. Ambas instituciones compartirán la propiedad de la obra y alternarán su exhibición, permitiendo que el público de ambos países pueda contemplarla.
El acuerdo fue considerado un ejemplo poco común de cooperación entre dos de los museos más importantes del mundo para garantizar el acceso público a una obra de extraordinario valor histórico.
Detrás de cada obra expuesta existe una historia que rara vez aparece en la ficha de sala. Negociaciones, acuerdos, decisiones institucionales o incluso la voluntad de un artista forman parte del recorrido que llevó esa pieza hasta el museo.
Destacado
Obra de arte
«Venado I»
Vladimir Zambrano

Venado I, de Vladimir Zambrano, forma parte de la serie Yaquis del Poder y hace referencia a la Danza del Venado.
A través de la figura de un nahual, el artista representa uno de los rituales más icónicos de esta cultura que recrea el ciclo de vida, cacería y muerte del venado como expresión de su vínculo con la naturaleza
Conoce la historia de esta obra.
Venado I incluye un video en el que el artista comparte la inspiración y el proceso creativo detrás de la pieza.
La obra está disponible en su versión original y en edición Print Fine Art.