
El proceso, el contexto y la voz del artista redefinen la colección.
Gisela Madrigal Olivares
En este primer número, abrimos una conversación en torno al coleccionismo contemporáneo: cómo se transforma, se construye y qué implica hoy relacionarse con una obra más allá de su adquisición.
El acceso al arte nunca había sido tan amplio y el coleccionismo se expande a través de nuevas formas de interacción con la obra, integrando tecnología. La expansión de ferias internacionales, plataformas digitales y nuevos formatos de exhibición ha multiplicado los puntos de contacto con la obra.
En este contexto, exploramos una aproximación al coleccionismo que pone en el centro el acercamiento al artista y la comprensión de la pieza y su proceso.

Arte y valor
El mercado global del arte registró una recuperación moderada en 2025, alcanzando aproximadamente 59.6 mil millones de dólares, con un crecimiento anual del 4%, tras dos años consecutivos de contracción (Art Basel & UBS Art Market Report, 2026).
El interés por el arte como inversión ha crecido en paralelo a la expansión del mercado. El arte se incorpora en ciertas estrategias patrimoniales como un activo con dinámicas propias en términos de liquidez, costos y formación de valor. Este comportamiento lo sitúa en un lugar particular dentro del mercado.
En el ámbito global, la recuperación reciente ha estado impulsada en parte por la actividad en segmentos de alto valor. Las subastas públicas registraron un crecimiento cercano al 9% en 2025, impulsado por la circulación de obras de alto precio.
La comprensión del arte se construye más allá de su precio. El valor de una obra se define en la intersección entre significado cultural, relevancia dentro de la práctica del artista y su reconocimiento dentro del sistema del arte.
Este comportamiento refleja una característica estructural del mercado: su evolución no es homogénea. Coexisten distintos ritmos, determinados por la disponibilidad de obra, el posicionamiento de los artistas y las dinámicas propias de cada segmento.



El criterio en un mercado expandido
La expansión del mercado ha traído consigo nuevas posibilidades, pero también mayor complejidad. La adopción de canales digitales, el crecimiento de ferias y la diversificación de compradores han transformado la forma en que el arte circula: hoy se descubre a través de múltiples puntos de contacto, se valida en distintos espacios y se adquiere en escenarios más híbridos.
El coleccionismo se consolida a partir de decisiones informadas y vinculadas a una comprensión más amplia de la obra. En este entorno, decidir implica evaluar no solo la obra en sí, sino el contexto que la sostiene: su trayectoria, su circulación y su relación con el sistema del arte.
Comprender cómo comprar arte contemporáneo implica reconocer que cada obra existe dentro de un contexto: el del artista, el de su práctica, el del momento en que fue producida y el del sistema que la sostiene. En este sentido, las galerías continúan desempeñando un papel central como mediadoras entre producción artística y mercado, articulando relaciones entre artistas, coleccionistas e instituciones (Castillo Rodríguez, 2025).
A este ecosistema se suman galerías en espacios no convencionales y plataformas digitales, donde la experiencia no siempre depende de la presencia física de la obra, sino de los elementos que permiten interpretarla: su historia, su proceso y el discurso del artista.
Ahora los coleccionistas tienen acceso a nuevos elementos digitales que integran la voz del artista como parte de la obra, ampliando su comprensión durante el proceso de adquisición. Estos elementos potencian el alcance del arte y redefinen las condiciones bajo las cuales se construye una colección.

Hacia una colección
El crecimiento del mercado y la ampliación de sus canales han modificado también la manera en que surgen las colecciones. Hoy, iniciar una colección no depende exclusivamente del acceso, sino de la capacidad de reconocer qué obras dialogan entre sí y permiten construir una continuidad en la mirada.
Coleccionar arte contemporáneo implica construir una relación sostenida con las obras, donde cada incorporación responde a una lógica que se desarrolla en el tiempo. Esta lógica puede estar determinada por afinidades conceptuales, intereses formales o por el seguimiento de una práctica artística.
Con el tiempo, las obras dejan de operar de manera aislada y comienzan a establecer relaciones entre sí. Aparecen correspondencias, tensiones y direcciones que permiten reconocer una estructura. Ahí es donde una colección comienza a tomar forma.
La relación con el artista
En el arte contemporáneo, la obra no se entiende de forma aislada. Forma parte de una práctica, de un proceso y de una investigación que el artista desarrolla en el tiempo.
En este contexto, la relación con el artista se vuelve central para el coleccionismo. Comprender cómo se construye una obra —qué decisiones la sostienen, qué referencias la atraviesan y qué preguntas la originan— permite situarla dentro de una trayectoria y reconocer su lugar dentro del sistema del arte.
Esta dimensión ha adquirido mayor relevancia a medida que el acceso al arte se ha expandido. Frente a un mercado más amplio y diverso, conocer el proceso del artista permite distinguir, contextualizar y tomar decisiones con mayor claridad.
La posibilidad de acceder a la voz del artista —escuchar cómo piensa, construye y desde dónde desarrolla su trabajo— amplía la experiencia de la obra. Introduce una capa de comprensión que transforma la forma en que se percibe y se incorpora a una colección.
En este sentido, la relación con el artista no es complementaria: es parte constitutiva del valor de la obra dentro del coleccionismo contemporáneo.
El coleccionismo en transformación
El coleccionismo contemporáneo se construye en un entorno donde el acceso, la información y los formatos de exhibición continúan expandiéndose. Coleccionar arte implica desarrollar una aproximación a la obra basada en comprensión, contexto y continuidad.
Esta transformación incorpora el uso de plataformas digitales que permiten acercar al artista al coleccionista, integrando su voz, su proceso y su contexto como parte de la experiencia de la obra. Se trata de una evolución reciente dentro del sistema del arte, donde la relación con la pieza se expande más allá de su presencia física y se amplía a nuevas formas de acceso y entendimiento.
Destacado
En exhibición




La obra de Miguel Chavira se construye a partir de formas orgánicas que evocan flujos, trayectorias y desplazamientos. Su investigación parte del estudio de mapas cartográficos, migratorios y fluviales, una referencia que se traduce en composiciones que sugieren territorios en transformación: superficies donde el trazo, el color y los materiales —como hoja de cobre, tinta offset y acrílico— delinean recorridos más que imágenes fijas.
Presentada en Iddis Bakery, esta exhibición se despliega en una cafetería–repostería donde la propuesta gastronómica dialoga con el espacio expositivo. Bajo la dirección de la chef Michelle Catarata, reconocida como mejor chef repostera en México en 2024 y 2025, el entorno adquiere una dimensión sensorial que acompaña la experiencia de las obras. Cada pieza se exhibe junto al acceso a su video, permitiendo conocer la voz del artista y el proceso detrás de cada obra.


